Libros y películas buscan habitación en alquiler en Caracas mientras su dueña limpia la actual, no molestamos, no cocinamos ni necesitamos lavadora

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Es triste tener que decirlo, después de haber juzgado a la sociedad, que había hecho su desgracia, juzgó a la providencia, que había hecho a la sociedad.

“Los Miserables”, de Víctor Hugo

La historia es siempre la misma. Estos pobres seres vivientes, estas criaturas de Dios, sin apoyo desde entonces, sin guía, sin asilo, marcharon a merced del azar, ¿quién sabe a dónde?, cada uno por su lado, quizá sumergiéndose poco a poco en esta fría bruma en la que se sepultan los destinos solitarios, tenebrosas tinieblas en las que desaparecen sucesivamente tantas cabezas infortunadas en la sombría marcha del género humano.

“Los Miserables”, de Víctor Hugo

Las ciudades hacen hombre feroces, porque hacen hombres corrompidos. La montaña, el mar, el bosque, hacen hombres salvajes. Desarrollan el lado feroz, pero a menudo lo hacen sin destruir el lado humano.

“Los Miserables”, de Víctor Hugo

La piedad más grande, ¿no consiste, cuando un hombre tiene un punto dolorido, en no tocar este punto?

“Los Miserables”, de Víctor Hugo
“Roma, ciudad abierta” de Roberto Rossellini

“Roma, ciudad abierta” de Roberto Rossellini

Llamad señor a un presidiario es dar un vaso de agua a un náufrago de la Méduse. La ignominia tiene sed de consideración.

“Los Miserables”, de Víctor Hugo

Las locuciones vulgares tienen el mérito de expresar, con una sola palabra, una idea que no bastaría explicar acaso una página.

“Los Miserables”, de Víctor Hugo

El éxito, este equívoco del talento, tiene una víctima a quien engaña: la historia

“Los Miserables”, de Víctor Hugo